lunes, abril 22

Netflix Slam 2024: Alcaraz gana a un meditabundo Nadal en el ‘bolo’ de Las Vegas | Tenis | Deportado

Tarde sazonada en Las Vegas, con dos protagonistas de máxima vida y medio Netflix, presente en cerca de 200 países y con la búsqueda de 250 millones de suscriptores, una de las reinas de las plataformas y ahora lanzada por el hilo deportivo. Demasiado jugoso para dejarlo escapar. En la cinta oscura del Michelob Ultra Arena del casino Mandalay Bay se debate sin mirar realmente al colmillo Rafael Nadal y Carlos Alcaraz, dos épocas distintas; una puerta y la otra puerta. Digamos que la artillería será pesada porque el episodio es una exhibición. Cae finalmente la balanza a favor del joven murciano en el desierto, con suspense, como toda buena producción: 3-6, 6-4 y 14-12, en lo bueno de dos horas de juego. Ambos se preparan, por tanto, para el capítulo de Indian Wells, que comienza esta misma semana. Hago esto con un trasfondo muy distinto. He aquí, en el Valle de Coachella, serás el Palmar con todo tu garbo y toda tu juventud, mientras el Manacor sigue remontando su última batalla.

En la pista, 12.000 aficionados y dos maneras de entender la ciudad. Más recreativo Alcaraz, pura generación Z: diversión o nada. Teniendo en cuenta el peso que recibe en el tobillo desde la semana pasada, se aleja grácilmente de aquí para allá, ligero, como un bailarín de goma. Cuando el golpe queda suspendido en el aire, este bellísimo chasis que busca la perfección -fibroso y fuerte, delicado y contundente al mismo tiempo- levita durante unos instantes. Sus cuádriceps están marcados en los apoyos y llaman poderosamente la atención del espectador de la cuarta fila: “¡Parece un caballo!”. Hoy es poderoso, pero el cilindro de gran tamaño y su cuerpo se contorsionan con una elasticidad sombría a la hora de empujar la pelota. Sí, ya sabes, incluso en ocasiones desconectadas. Pero esta vez puedes permitírtelo. El espectáculo manda, siempre lo defiende, y en la maquinaria de Las Vegas aún mucho más.

Muy celebridad, demasiada distracción del dedo medio. Observa con detención a Pau Gasol, un par de asientos a costa de Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones; La madrileña Blanca Suárez intercambia impresiones y Charlize Theron regresa a casa con la fiesta iniciada. La bondad de Carlitos, claramente, está dispersa, pero la seriedad de Nadal en el desempeño llama al orden y contiene la tentación. El Mallorquín, 38 años o el próximo 3 de junio, estos días son otra historia, peleando con su cuerpo e intentando reconectar el circuito para poder despachar las condiciones, para controlar cada gesto y cada paso, seguramente reprimido por el gusto. Me midieron un paso más y la realidad me decepcionó. Prudencia, prudencia y más prudencia. De esta forma, se disfruta con varias pinzas de sus hojas en forma de hilo; sobre todo, con ese demoledor de paso que tira cuando se despeja el primer punto del partido contrario.

Nadal no suelta la mano y mucho menos el instinto, pero en el pico intuye esos días de zozobra interior, los de quien se sigue mandando lejos contra su voluntad. Si por él fuera, lo disfrutaría toda mi vida. Sin embargo, ahora todo son incógnitas. Ni siquiera sé cuándo lo soltarán, dice. Esta vez no he corrido tanto tiempo: tres partidos, hasta que lleve el cuerpo de regreso a Brisbane; uno más que el curso anterior—y, en el punto donde menguar, se agranda la figura de los interrogadores. El presente es claro: ata el extremo, y síguelo colocándolo todo donde está en la pista. Ganando o no, pero sobre el suelo. Hoy en día, cada intervención del mallorquín debe ser conocida como fue la última, y ​​por ello la tomará en las filas de toda su familia, con el hijo de su esposa en brazos.

Dosifica todo lo que puedas en la mano del bolso, siempre irritada por los músculos y tendones, y en el desenganche la pierna lógicamente se eleva. Este último parón ha pasado la factura, pero aún así se revive con la grandeza de siempre. No hay detalles detallados sobre David Ferrer ni sobre la nadadora Ona Carbonell, la squiadora Lindsay Vonn o la jugador de ataque Colin Kaepernick, el hombre que luchó contra el racismo en 2016. Todos comentan y disfrutan la resolución, con una sensación promedio cuando un espectador sufre un shock e interrumpe la acción. Si a los dos tenistas les interesa y su continuación, Alcaraz, que ha sido titular la temporada anterior, aguanta la pelota contra las pelotas, pero necesitará cinco intentos para golpearlas. Hasta el epílogo, Nadal siempre será Nadal.

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